¡Le Presbytère Bélgica: El Secreto Mejor Guardado de Europa!

Le Presbytère Belgium

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¡Le Presbytère Bélgica: El Secreto Mejor Guardado de Europa!

¡Le Presbytère Bélgica: El Secreto Mejor Guardado de Europa! - Un Viaje (Des)Ordenado a un Paraíso Belga (¡O Casi!)

¡Ay, Dios mío! He vuelto, ¡y esta vez para hablar de Le Presbytère Bélgica: El Secreto Mejor Guardado de Europa!! Me lo vendieron como el secreto, el tesoro escondido… y bueno, a ver, con algunas reservas, quizás no me equivoqué del todo. Prepárense, porque esto no es una reseña pulida, sino un desahogo con un toque de ¡ay, qué bonito, pero…!

¡Empecemos por lo bueno, que es mucho!

Para empezar, la accesibilidad. A ver, yo, gracias a Dios, no necesito una silla de ruedas, pero si es necesario, este lugar se preocupa por ello. Tienen ascensor (un lujo en Europa a veces!), y al menos en la web prometen habitaciones adaptadas. Importante, muy importante. En general, parece que Le Presbytère se esfuerza por ser inclusivo, y eso ya le da puntos.

¡Y luego, el Wi-Fi!Free Wi-Fi in all rooms!" gritan en la web. ¡Gloria! Necesito mi dosis de internet, como el aire que respiro. Y ¡funciona! En las habitaciones, en las zonas comunes… Incluso en la terraza, donde me pasé una tarde entera bebiendo vino y stalkeando a la gente en Instagram. (Vale, no es un orgullo, pero shhh). ¿LAN? Sí, también lo tienen, para los dinosaurios como yo que a veces prefieren cable. Y ¿Wi-Fi para eventos especiales? ¡Supongo que sí! Quizás para las bodas que hacen (veremos, veremos…)

¡Pero hablemos de lo importante! ¡El RELAX!

Le Presbytère promete ser un oasis de paz. Y… ¡casi lo consigue!

  • El Spa/Sauna: Impresionante. La sauna es una maravilla, te juro que casi me quedo dormida allí dentro. El spa… con masajes y todo… ¡un vicio! Body scrub, body wrap, todo lo que una necesita para olvidarse del mundo y de los problemas, ¡y de la persona que te está mirando con su ceño fruncido en la puerta!* (vale, no me quedé dormida, pero casi). Tienen el jacuzzi con vistas que, ¡ay, qué envidia me dan los que pillan el jacuzzi!
  • La piscina… con vistas: Aquí sí, tocó la gloria. Imagina: piscina infinita, vistas de ensueño, sol… y un bar al lado. (¡Importante!). Me pasé la mayor parte del tiempo allí, alternando entre nada, leer, y tomar copas. (¡Ojo con el sol y el alcohol!). Y el Pool with view… ¡Díos! Casi me da un ataque de felicidad.

¡Cosas para Hacer! (Más allá de vaguear, claro…)

  • Fitness Center: Ah, el gimnasio. Me da la risa. Lo vi, lo prometo. Entré, lo juro. Pero… me pareció un sacrificio demasiado grande cuando la piscina y el bar estaban tan cerca. (Soy humana, ¿vale?). La idea está, eso es lo importante.
  • Actividades Adicionales: No las probé (¡vaga!). Pero en el hotel te dicen de todo. Seminarios, eventos, cosas para hacer que no requieren esfuerzo…

¡Limpieza y Seguridad!

Aquí, Le Presbytère se porta. En la época que me tocó ir, ¡madre mía, la pandemia!, estaban obsesionados (para bien) con la higiene. Anti-viral cleaning products, daily disinfection, hand sanitizer everywhere. Tienen ¡de todo! Y eso me dio una tranquilidad que, en esos momentos, no tenía precio.

¡Comida y Bebida! (¡PREPÁRENSE!)

  • *El desayuno… ¡Ay, el desayuno! ¡Buffet! ¡Buffetttooo!. El desayuno, chicos, es CLAVE en un hotel. Y el de Le Presbytèrees bueno. Wester, Western, Asian… breakfast? ¡Todo!. ¡Hay de casi todo!, bueno… lo normal, ¡pero con buena calidad! Lo que sí, ¡a veces hay demasiada gente! Pero yo, ¡para estas cosas, me levanto temprano!
  • Restaurantes, bares… ¡Cosas que importan! Tienen un restaurante a la carta, uno de buffet… y lo mejor: ¡Un bar en la piscina! (¡Lo vuelvo a decir, porque es clave!). Comida internacional, ¡y con terraza!. Felices las copas y las risas que allí compartí!
  • Snack bar, coffee shop… ¡Todo! Y si eres muy vago (yo), ¡24-hour room service! (¡Gloria al cielo!). Y más si eres vegetariano…

¡Servicios y Conveniencias! (¡Lo importante!)

  • Facilities for disabled guests: Ya hablé de esto antes, pero lo repito: bien por ellos.
  • Air conditioning in public area… sí, ¡imprescindible!
  • Concierge y… ¡Contactless check-in/out! (¡Otra vez la pandemia! ¡Menos mal!).
  • Laundry service, dry cleaning… ¡Me ahorraron un disgusto!
  • Elevator (¡más gloria!).
  • Gift/souvenir shop: ¡Para no irte con las manos vacías!.
  • Meeting/banquet facilities, meetings, seminars… ¡Por si acaso!

¡Para los Niños! (¡Si los tienes!)

  • Family/child friendly: ¡Perfecto!
  • Babysitting service and Kids facilities, Kids meal: ¡Genial! (¡Aunque yo no los necesito, eh!).

¡Llegar y Moverte!

  • Airport Transfers, Taxi service, Valet parking…: ¡Perfecto! (¡Si vas con pasta!).
  • Car park [free of charge], Car park [on-site]…: ¡Estupendo si vas en coche! (¡Yo no!).

¡En la Habitación! (¡Lo que realmente importa!)

  • Air conditioning, Alarm clock, Bathrobes, Bathroom phone, Bathtub, Blackout curtains, Carpeting, Closet, Coffee/tea maker, Complimentary tea, Daily housekeeping, Desk, Extra long bed, Free bottled water, Hair dryer, High floor…: ¡Todo lo que necesitas! Y más.
  • In-room safe box, Internet access – LAN, Internet access – wireless, Ironing facilities, Laptop workspace…: Para los frikis del trabajo como yo!
  • Mini bar, Mirror, Non-smoking, On-demand movies, Private bathroom, Reading light, Refrigerator, Safety/security feature, Satellite/cable channels, Scale, Seating area, Separate shower/bathtub, Shower, Slippers, Smoke detector, Socket near the bed, Sofa, Soundproofing, Telephone, Toiletries, Towels, Umbrella, Visual alarm, Wake-up service, Wi-Fi [free], Window that opens..: ¡Una locura de comodidades! ¡Y me encanta!

¡Pero… La Verdad, La Verdad! (¡Un poco de imperfección para que no parezca un anuncio!)

Vale, vale, ¡sí, me gustó mucho! Pero…

  • A veces, el servicio… es un poco lento. ¡Paciencia! (Soy impaciente por naturaleza!).
  • No todo es perfecto. El desayuno… a veces, una loca estampida.
  • ¡El precio!… ¡no es barato! Pero, para lo que ofrece, no es tan desorbitado.

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Le Presbytère Belgium

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¡Ay, Virgen Santa, preparaos! Porque os voy a dar el itinerario más desastroso, genuino y probablemente imperfecto de vuestra vida… un viaje a Le Presbytère, Bélgica. Y no me responsabilizo si acabáis abrazando a una estatua o necesitando un buen vaso de vino para sobrevivir.

DÍA 1: ¡Llegada Caótica y Queso Bendito!

  • 14:00 - Atrapada en la pesadilla del aeropuerto de Bruselas Zaventem. Malditas colas. Maldito equipaje que parece pesar lo mismo que un elefante preñado. ¡Dios mío, ¿por qué elegí la maleta más grande?! Llego a mi (esperemos) acogedor Le Presbytère, y me prometo a mí misma que la próxima vez viajo con una mochila y un espíritu zen.

  • 16:00 – ¡El primer encuentro! Le Presbytère… ¡es como una postal! Un edificio de piedra, súper antiguo. Me reciben con una sonrisa y… ¿una copa de vino? ¡Eso es empezar con buen pie! Estoy MUY feliz.

  • 17:30 - Desempacando (y perdiendo la calma). La habitación es ideal, pero he desparramado todo por el suelo, haciendo honor a mi habitual caos. Intento doblar un jersey. Lo hago mal. Lo deshago. Lo vuelvo a hacer… ¡Desisto! Que se quede donde está. ¡La belleza está en el desorden, ¿verdad?!

  • 19:00 - ¡La cena que salvó el día! El restaurante del Presbytère. ¡Madre mía, qué comida! Todo casero, con ingredientes locales… Y el queso… ¡el queso! Creo que podría vivir a base de queso belga, para ser honesta. Me he comido media tabla. El vino tinto fluye… y la felicidad también. Un señor francés me mira y me guiña un ojo. Estoy segura de que no me he manchado la cara.

DÍA 2: Dominando el Arte de Perderse (y Encontrar Sabores Increíbles)

  • 9:00 - El desayuno de los campeones (y de los perezosos). Croissants crujientes, mermelada casera, café fuerte… La vida es buena. Me prometo ser productiva hoy…

  • 10:00 - ¡Exploración urbana! Decido que explorar el pueblo. Me dejo llevar por las callejuelas adoquinadas. Me pierdo… (lo que me da la oportunidad perfecta para comprar un chocolate y tomarme un café en la plaza principal del pueblo). ¡El paraíso! Escucho el idioma belga y sonrío.

  • 12:00 - La joya escondida… ¡La tienda de chocolate! ¡Dios mío! Entro impulsivamente en una tienda de chocolate… y… ¡estoy en el cielo! Bombones, trufas, tabletas de chocolate… Compro un poco de cada cosa. Salgo hecha un basurero… Pero feliz.

  • 14:00 - Comida ligera (y desastrosa). Me preparo un bocadillo en mi habitación. El pan se desmorona, el queso se resbala… Creo que la mitad del bocadillo acaba en mis manos. Me resigno… ¡Esto es la vida!

  • 15:00 - El "Museo" del pueblo (y mi cara de decepción). Voy al museo local. Pequeño, tranquilo. Lo veo todo en 15 minutos y salgo pensando… ¿y ahora qué? Me siento un poco vacía.

  • 16:00 - Necesito más chocolate. ¡La segunda ronda! De vuelta a la tienda de chocolate. Esta vez, pruebo un bombón con chili. ¡Explosión de sabores! Me siento viva.

  • 19:00 - ¡La cena que nos une! Vuelvo al restaurante del Presbytère. Estoy con el resto de los huéspedes. Una pareja mayor alemana, una familia francesa que no para de hablar, un grupo de amigos ingleses… Me siento un poco sola. ¿Debería hablar con ellos? ¡Mierda, soy tímida! La comida es excelente (¡de nuevo!), pero me quedo con la sensación de no haber roto el hielo.

DÍA 3: El Día del Arte (y de la Reflexión – a medias)

  • 9:00 - Desayuno, terapia y un poco más de croissants. Me llevo un croissant a la habitación. Me siento en el balcón, con el sol en la cara. Hoy necesito un poco de soledad.

  • 10:00 - ¡A la galería! Me decido a visitar una galería de arte que me habían recomendado. Me gusta la pintura, pero no entiendo mucho. Me imagino que me pondré a pintar. Si, ¡con el tiempo!

  • 12:00 - Buscando la perfección… ¡y fracasando! Intento hacer una foto perfecta de un edificio. (porque las necesito para Instagram, obviamente). No lo consigo. La luz es mala, el ángulo es incorrecto… Paso de los filtros y subo la foto con toda mi imperfección.

  • 13:00 - El picnic solitario que necesitaba. Compro algo de embutido y queso. Voy a un parque. Me siento en un banco. Respiro hondo. Me siento bien.

  • 15:00 - El descubrimiento… la iglesia. Entro a una iglesia. Silencio. Me quedo un buen rato. No sé si creo o no. Siento paz.

  • 16:00 - La tienda de libros. ¡El mejor lugar! Entro impulsivamente en otra tienda, pero esta vez es una librería. Quiero leer algo en francés. Compro. Me siento en una silla y comienzo a leer.

  • 19:00 - ¡La cena que (casi) me emociona! La última cena en el Presbytère. Esta vez hablo con los señores alemanes. Resultan ser muy simpáticos. Nos reímos. Me siento menos sola. El vino fluye y hablo con ellos, me siento feliz.

DÍA 4: ¡Adiós, Bélgica! (Con el corazón… lleno de queso y de buenos recuerdos)

  • 9:00 - El desayuno que cierra un ciclo. Un último croissant, un último café. Empiezo a echar de menos. Empiezo a sentirme triste porque es el fin.

  • 10:00 - ¡Comprando (más) chocolate! ¡Una última vez! Para llevarme un poco de Bélgica a casa. Compro para mis familiares y para mí… ¡por supuesto!

  • 12:00 - ¡Nos vamos! Me despido del Presbytère. Un abrazo. Prometo volver. Me siento como si me fuera de un hogar.

  • 13:00 - ¡El aeropuerto, de nuevo! ¡Malditas colas otra vez! Me prometo estudiar francés. Me prometo volver a Bélgica. Me prometo no ser tan desastrosa… (¡ja!).

¡Y FIN! Este ha sido mi (des)aventura en Le Presbytère. Espero que lo hayáis disfrutado… y que no os hayáis reído demasiado de mis meteduras de pata. ¡Pero, sobre todo, espero que os animéis a viajar, a perderos, a comer mucho queso y a abrazar vuestra propia imperfección! ¡Au revoir! (Y sí, necesito urgente una copa de vino).

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¡Le Presbytère Bélgica: El Secreto Mejor Guardado de Europa! – Preguntas Frecuentes (y un poco de mi caos personal)

¡Ay, Dios mío, por dónde empezar! Le Presbytère Bélgica, en teoría, es un hotel. PERO, y aquí viene lo importante, no es un hotel normal. Es... una experiencia. Un mood. Un rollo que te envuelve y te hace sentir como si hubieras viajado en el tiempo (o, al menos, a la casa de tu abuela con buen gusto). ¿Hype? Sí, creo que el hype es legítimo. ¿Vale la pena? Depende de ti. Si buscas Wi-Fi a toda velocidad y amenities de lujo... olvídate. Si buscas magia, historia, y la posibilidad de perderte en tu propio pensamiento... entonces, prepárate para algo especial.

Para mi, el 'hype' no fue instantáneo. Al principio, estaba escéptica. “¿Un hotel en un presbiterio? Suena... anticuado.” – pensaba yo, la reina de las reservas en línea. Pero amigos, ¡me equivocaba! La primera vez que vi la fachada cubierta de hiedra, sentí algo. Como… un flechazo. Y creo que es eso, encontrar ese enganche emocional, lo que separa Le Presbytère de cualquier otro lugar.

Está en… ¡Bélgica! (Sorpresa, sorpresa). En el corazón de la campiña belga, alejado del bullicio de Bruselas o Brujas. No te voy a dar la dirección exacta porque, bueno, ¡la búsqueda es parte de la aventura! Es como encontrar un tesoro. Pero te diré que, si vas en coche, prepárate para carreteras sinuosas y perderte un par de veces (a mí me pasó, obviamente). El GPS, en este caso, es un amigo, pero no siempre. A veces, lo mejor es bajar la ventanilla, respirar el aire fresco y preguntar a un lugareño (que, por cierto, son encantadores).

Ah, la primera vez que intenté llegar... ¡Drama total! El GPS me envió por caminos que ni siquiera creía que existían. Estaba a punto de llamar y decir que me rendía. Pero luego, ¡voilá! Apareció. Y valió cada maldito kilómetro. La sensación de alivio (y de triunfo) al llegar es… ¡impagable!

No esperes habitaciones idénticas. Cada una es única, con su propia personalidad y encanto. Algunas son grandes, otras más acogedoras. Pueden tener chimeneas, camas con dosel, o incluso su propio balcón con vistas a… bueno, ¡a la paz absoluta! Las paredes hablan de historia, con detalles que te transportan. Y sí, pueden ser un poco "vintage", ¡pero eso es parte del atractivo! El precio… bueno, no es barato. Pero, sinceramente, creo que vale lo que cuesta. Es una inversión en una experiencia, no solo en una habitación.

Recuerdo la primera vez que vi mi habitación. ¡Casi lloro! Era enorme, con una chimenea que parecía sacada de un cuento de hadas. Y el olor… ¡a madera antigua y a libros! Era como si la habitación me estuviera abrazando. Y sí, me sentí culpable por no poder quedarme para siempre.

Una pequeña queja: El wifi. A veces es débil. Pero, vamos, ¿de verdad necesitas estar pegado al móvil todo el tiempo? Desconecta. Disfruta. ¡Lee un libro! (Sé que es difícil, lo entiendo. Yo también soy adicta. Pero haz el intento).

¡Ah, la gran pregunta! En Le Presbytère, puedes hacer… casi nada. Y eso es lo mejor. Puedes leer. Puedes escribir (¡si te sientes inspirad@!). Puedes pasear por los jardines. Puedes charlar con el personal (que son adorables). Puedes simplemente… ser. Es un lugar para desconectar del mundo, para recargar las pilas, para perderte en tus pensamientos. Hay una atmósfera de calma que te envuelve. Es como si el tiempo se ralentizara.

Me encanta la idea de la simplicidad. Odiaba el estrés de las vacaciones antes. ¡Me sentía más agotada que antes de ir! Ahora, voy allí, y solo paseo por los jardines, leo un libro, y... ya está. Simplemente, ¡estar! Es una forma de terapia, lo juro por mi vida.

Sí, ¡y la comida es… espectacular! Cocina belga de verdad, con ingredientes locales y de temporada. No esperes platos elaborados con mil ingredientes. Es comida casera, honesta, con mucho sabor. Y la presentación… ¡sencilla pero elegante! (Aunque, a veces, lo importante es el sabor, ¿no?). El desayuno… ¡ay, el desayuno! Croissants, pan fresco, mermeladas caseras… Prepárate para empacharte. (Yo siempre lo hago).

Recuerdo un plato en particular… ¡Dios mío! Un estofado de ternera con patatas y verduras. El olor... ¡irresistible! Estaba tan bueno que casi lloro de felicidad. Y el vino… ¡el vino! Perfecto para acompañar la comida y la conversación.

Es para gente que aprecia la belleza en la sencillez. Para los que buscan algo diferente. Para los que quieren desconectar del ruido y la prisa. Para los románticos empedernidos. Para los amantes de la historia y la arquitectura. Para aquellos que valoran la autenticidad.

NO es para: los que necesitan televisión en la habitación (¡olvídalo!), los que buscan una piscina climatizada (no hay), los que necesitan Wi-Fi a toda velocidad (ya te lo advertí), o los que solo quieren un hotel de lujo. Si eres de estos últimos, este lugar no es para ti.

Por ejemplo, mi cuñado… ¡lo odiaría! Necesita un gimnasio, un spa y un bar las 24 horas. Para él, Le Presbytère sería… ¡un aburrimiento fatal! Y yo… ¡lo adoro!

¡Por supuesto! Soy humana, no una máquina de decir cosas bonitas. El wifi. Ya lo mencioné. A veces es… frustrante. Y, siendo sincera, alguna vez me he encontrado con un poco de ruido de los vecinos. Pero, en general, son pequeños detalles que se olvidan en cuanto te sumerges en la atmósfera mágica del lugar. Oh, y a veces, encontrar un enchufe es una aventura. Pero es un mal menor. (Hotel Ahora

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